Ancestral actividad podría desaparecer

mayan-harvest-natural-chewing-gum-tour-y5t1Chetumal.- En Quintana Roo la producción de chicle ha tenido históricamente una importancia central en la economía de las comunidades rurales. Fueron los trabajadores chicleros, que habían migrado a Quintana Roo desde Tabasco y sobre todo Veracruz, quienes sostuvieron las demandas de reparto agrario.

Durante el período cardenista se constituyeron las cooperativas chicleras y los ejidos forestales, en cuyos bosques los ejidatarios realizaban la recolección de la resina. La extracción de madera estuvo hasta los años 80 en manos de contratistas y concesionarios; sin embargo, los ejidos y cooperativas chicleros desarrollaron desde los 30 las primeras experiencias de apropiación campesina de la producción de productos forestales en la península.

La producción chiclera ha jugado una importancia crucial en la preservación de los bosques tropicales de Quintana Roo. Al dar a la población rural posesión de los recursos de los que dependía para subsistir, creó un fuerte incentivo para la conservación, además de que sostener la producción de chicle requiere mantener los chicozapotes y el conjunto de la selva.

La chiclería permitió crear una “tradición forestal” basada en la preservación y el conocimiento de los bosques de la región. Gran parte de las selvas que hoy subsisten en la entidad son los bosques que los ejidos chicleros mantuvieron, mientras que en los ejidos creados posteriormente, por los programas de colonización, se realizaron grandes desmontes.

Desde su origen las cooperativas chicleras estuvieron integradas en la Federación de Cooperativas Chicleras, controlada por el gobierno del estado que fungía como intermediario entre los chicleros y las compañías compradoras extranjeras, monopolizando de este modo la comercialización.

Hoy en día esta ancestral actividad podría desaparecer, pues las constantes sequias no permiten que exista buena producción, pues los arboles de chicozapote no producen látex.

Los campamentos chicleros son parte de la historia, porque en la zona de los ejidos Laguna Om y Caobas ya no existen, debido a que ahora son muy pocas las personas que los trabajan.

Antes en cada campamento trabajaban hasta 30 personas y dos cocineras, ahora si acaso existe uno, pero en total abandono, lo que es un indicio claro de que esta actividad cada día está más cerca de desaparecer.

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