Segunda y última parte de la entrevista con el narcotraficante, publicada por la revista Rolling Stone

img_1452585108_b7638dc443289f3f1810…Cuando regresamos a nuestra mesa, siento que logramos lo que vinimos a hacer. Habíamos llegado a un acuerdo que iba a someterse a una entrevista de dos días cuando regresara.
Mientras la paranoia de drones de vigilancia y las incursiones militares vuelve a mi mente, tomo otro tequila y hago un escaneo de 360 ​​grados para saber dónde mis colegas y yo nos resguardaríamos en caso de un tiroteo. En la oscuridad, es difícil imaginar un lugar seguro y el mundo del “Chapo” es todo lo contrario.
Cuando Espinoza regresa de su siesta, Kate, sucumbiendo a la jornada agotadora y a los tequilas, acepta ser escoltada por el “Chapo” a sus dormitorios. Mientras la acompaña hacia la cabaña con poca luz, no puedo dejar de preocuparme. Me ofrezco a acompañarlos aunque dadas las circunstancias cualquier tipo de protección que yo pueda ofrecer no sirve de nada. Antes de que mi paranoia me provoque hacer algo estúpido, el “Chapo” regresa.
Hay un cambio. Con Kate metida cómodamente en la cama, el “Chapo” y sus hombres se enfundan rápidamente con sendos chalecos antibalas, armas de grueso calibre y hasta colocan granadas en sus cinturones. Parece un ejército de guerrilleros listos para la batalla pero que había estado descansando y que ahora vuelve a lo que parecen sus actividades diarias. El “Chapo”, también, está armado y listo para comandos.
A raíz de este gran espectáculo donde Clark Kent se convirtió en Superman, el “Chapo” regresa a la mesa. Su comportamiento es casual pero su equipo de batalla es todo lo contrario. Espinoza y El Alto la hacen de traductores mientras comparamos nuestras culturas. Hacemos preguntas alegres, a pesar del ambiente tan pesado. Yo me siento frustrado por tener que esperar ocho días para agarrarlo en una esquina y preguntar todo lo que el mundo quiere saber. Me siento desnudo sin lápiz y papel. Así que sólo hago preguntas cuyas respuestas no podía olvidar.

  • ¿Conocías a Pablo Escobar? el “Chapo” responde:
    “Sí, lo vi una vez en su casa. Era una casa grande”.

  • ¿Ve seguido a su madre?
    “Todo el tiempo. Tenía la esperanza de que nos íbamos a ver en mi rancho para que la conocieran. Ella me conoce mejor que yo. Pero algo ocurrió y tuvimos que cambiar el plan”. Supongo que estaba insinuando que uno de sus contactos le informó que el rancho estaba bajo observación por las autoridades.
    Ha pasado varias horas, El Alto y yo compartimos un gesto que indica lo que nuestro sentido común nos dice: el núcleo de soldados alrededor del “Chapo” está inquietándose como si algún tipo de reloj dentro de ellos se acercara a la hora límite. Probablemente eran las cuatro de la mañana.
    El “Chapo” se levanta, nos desea buenas noches y agradece nuestra visita. Lo seguimos hacia donde se encontraba la familia que había cocinado la cena. Toma la mano de cada uno de ellos y les da las gracias y con una mirada, nos invita a hacer lo mismo.
    Nos acompaña hacia la misma cabaña donde había escoltado a Kate más temprano. En un estrecho y oscuro pasillo entre su cabaña y la nuestra el “Chapo” pone su brazo sobre mi hombro y me vuelve a pedir que lo vea en ocho días.
    “Voy a decir adiós ahora”, dice. En este momento, yo expulso una flatulencia de viajero (perdón) y con ella, experimento la misma caballerosidad que le había ofrecido a Kate mientras la acompañaba a cama y finge no darse cuenta. Nos escapamos de alguna broma y ​​me uno a mis colegas en el interior de la cabaña. Hay dos camas y un sofá a poca distancia de donde Kate se puede ver durmiendo en una tercera cama detrás de un divisor de privacidad. Espinoza regresa a la cama en la que había tomado una siesta a nuestra llegada.
    Ahora todo queda entre El Alto y yo. Su cuerpo de cinco pies se cierne sobre mí, sabe que dormirá en el sillón cerca de él y yo sólo me acerco a una cama King size. Es un duelo mexicano. Ambos habíamos viajado por largas horas ese día y estábamos ligeramente ebrios con tequila. Sabía que sólo iba a tomar el sillón si era a punta de pistola. Así que preferí negociar.
    “Oye, hombre. No tienes que dormir en el sofá. La podemos compartir y hasta acurrucarnos’’, con este argumento, gano la negociación.
    Con su gracia y discreción de siempre, El Alto hace su elección: “Me voy a ir con el sofá”. Me desplomo en la cama y de fondo escucho al convoy del “Chapo” adentrarse en la selva.
    Dos horas más tarde, somos bruscamente despertados por Alonzo. “¡Una tormenta se acerca!”, dice. “¡Tenemos que movernos!” Los caminos de tierra de la selva son difíciles de navegar cuando las lluvias monzónicas los saturan. Tendríamos que vencer a la lluvia en la carretera asfaltada.
    Apenas amanece cuando llegamos al bendito pavimento y se deja caer el aguacero con grandes relámpagos que iluminan el interior de nuestro vehículo como si fueran granadas de luz. Alonzo le pregunta a Kate si quiere conducir. Ella salta a la oportunidad de romper la monotonía y toma el volante. Mientras tanto El Alto se acuesta, tiene tanto sueño que es ajeno a la lluvia torrencial. En el asiento trasero, Alonzo me susurra que hay múltiples puestos de control militar a lo largo de estos caminos y que tienden a ignorar los vehículos conducidos por mujeres. En este caso, la lluvia cae con tanta fuerza que los soldados han abandonado sus puestos para protegerse. Afortunadamente, nadie nos detiene.
    En lugar de arriesgarnos a ser vaporizados en una pequeña aeronave por una tormenta eléctrica, optamos por el camino de ocho horas en coche de vuelta a la ciudad. Espinoza se reclina en el asiento del pasajero para descansar su espalda.
    Cuando llegamos a la ciudad, el clima se ha despejado. Nos duchamos en nuestras habitaciones y veinte minutos más tarde, Kate, Espinoza y yo, junto con Alonso, nos subimos a dos taxis y nos dirigimos hacia el aeropuerto.
    El Alto, quien apenas había dormido dos horas la noche anterior en un sofá un pie más corto que él, opta por quedarse en la comodidad de la cama de un hotel para pasar la noche e irse el día siguiente.
    Alonzo se dirige a la Ciudad de México. Espinoza a Europa. Así que Kate y yo abordamos un avión de regreso a Los Ángeles. Nuestras cabezas están girando. ¿En realidad habíamos estado donde habíamos estado? ¿Con quien habíamos estado? Parecía un sueño extraño. De alguna manera, a pesar toda la planificación y el viaje, yo todavía no creía que acabábamos de conocer al “Chapo”. Me había imaginado que alguien nos abordaría para disculparse y explicarnos que por alguna razón no nos podía recibir y que yo regresaría a Los Ángeles con las manos vacías. Pero eso no fue lo que pasó.
    Cuando aterrizamos en nuestra tierra, Kate y yo nos separamos. Fui recogido por un auto, en el asiento de atrás mi asistente había dejado un sobre de papel manila con mi celular. Lo enciendo y explota con un retraso de dos días de correos electrónicos y mensajes de texto. Los ignoro y abro mi navegador de internet para actualizarme en las noticias.
    Lo que yo no sabía y lo que aún no se estaba informando, era que desde el momento en que el tiempo mejoró, se había hecho inminente un cerco militar en Sinaloa. Aparentemente, “El Chapo” y sus hombres habían escapado de la selva la noche anterior. Según la prensa, que no se enteró hasta dos días después, un teléfono celular de uno de sus hombres había sido rastreado.
    Desde el momento en que el Ejército y la DEA intervinieron, los informes de lo ocurrido se vuelven confusos. Una fuente familiarizada con el cartel me informó que el 3 de octubre inició el asedio. Esa persona y otra en Sinaloa me dijeron que habían derribado dos helicópteros militares y que tropas de marinos mexicanos habían sitiado varios ranchos. Hubo informes adicionales que 13 comunidades Sinaloa habían sido devastadas con armas de fuego durante las redadas simultáneas. La Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) luchaba por entrar en la zona, pero los corrieron. Los pobladores protestaron su tratamiento por los militares.
    Para el tiempo en que la historia llegó a Estados Unidos, todo el caos en Sinaloa había sido reducido a un simple operativo que quirúrgicamente había apuntado sólo al Chapo y a sus hombres. Aseguraban que el capo había sido herido en la cara y en las piernas mientras escapaba.
    El propio relato del “Chapo”, que sería compartido conmigo más tarde, llegó a través de un intercambio vía BBM (BlackBerry Messanger) que tuvo con Kate:
    “El 6 de octubre hubo un operativo…. Dos helicópteros y seis Blackhawks comenzaron un enfrentamiento a su llegada. Los infantes de marina se dispersaron a lo largo de las granjas. Las familias tuvieron que huir y abandonar sus hogares por el temor de ser asesinados. Todavía no sé cuántos muertos hay en total’’.
    Cuando se le preguntó acerca de sus supuestas heridas, el “Chapo” respondió: “No como dijeron. Yo sólo me lastimé la pierna un poco.”
    Cuatro días más tarde, vuelo de Los Ángeles a Lima, Perú para participar en un panel de discusión del Banco Mundial. Después de unos días en Lima, y ​​una noche en Managua, Nicaragua, para visitar a un viejo amigo, me dirijo a México el 11 de octubre – el día de que el “Chapo” y yo habíamos acordado reunirnos-.
    Comprensiblemente, él y su equipo habían desaparecido durante las redadas. Sin embargo, mientras vuelo a México, le mandé un mensaje a Alonzo para decirle que lo iba a estar esperando en el aeropuerto. Me quedé allí durante varias horas para probar que había cumplido con mi compromiso de regresar en ocho días.
    Mientras estaba esperando, alguien me tocó el hombro: era un amigo de Alonzo que me pedía irme con él. Se me ocurre una vez más que podría estar bajo la mirada de la DEA o de la inteligencia mexicana. En cualquier caso, no se formalizó la reunión. Así que decidí volver por la noche a Los Ángeles.
    En las siguientes semanas, hago varios intentos para contactar con al “Chapo”. Durante ese tiempo, hubo redadas militares masivas que derivaron en cientos de detenciones y varias extradiciones de narcotraficantes a Estados Unidos.
    Hay informes de que un nuevo grupo criminal se está fortaleciendo. Se trata del Cártel Nueva Generación (CNG o los Mata Zetas), quienes pudieron haber estado involucrados en la fuga del “Chapo” y que se estaban convirtiendo en el ala paramilitar del Cártel de Sinaloa. El gobierno estaba en alerta, así que con el agua hirviendo –por así decirlo- nuestros contactos habían desaparecido del radar, si es que no habían sido asesinados o arrestados.
    Finalmente, Kate es capaz de volver a establecer contacto a través de una red de dispositivos de BBM. Pero el calor de la vigilancia y la ley se había vuelto extremo. Incluso me pasaron un chisme de que la DEA estaba al tanto de nuestro viaje a México y que seguramente si reservábamos otro vuelo a ese país, encendería los focos rojos.
    Hago un plan para esconderme en el maletero del coche de un amigo y cruzar la frontera por Algodones en el límite con Arizona. Estoy familiarizado con este cruce: no te revisan los papeles y dejan pasar a los vehículos sin escrutinio alguno. Después conduciríamos 80 y tantas millas por el desierto hasta el pueblo de Santa Clara en el Golfo para negociar con otro cártel que me llevaría con el “Chapo”. Pero Kate insiste que, si voy a hacer el viaje, tengo que ir con ella.
    La ruta es relativamente segura pero la idea de un gringo y una actriz mexicana conduciendo por el desierto llamaría demasiado la atención, pero Kate insistía. Se hace evidente que los riesgos superaban a los beneficios y decidimos enviar mis preguntas vía BBM. Acordamos con El “Chapo” que él grabara sus respuestas en video.
    Bajo este esquema, yo no tenía control sobre la entrevista, la producción o sobre sus respuestas. Además, teníamos que mandar todas las preguntas en español.
    Sorprendentemente ni el “Chapo”, ni sus cientos de soldados hablan inglés.
    Pasan los días y no recibíamos el video. Kate me tranquiliza y me pide esperar un día más, pero cada noche el “Chapo” se pone en contacto para comunicar cada vez más retrasos y dudas. No son acerca de mis preguntas, pero al parecer no tiene idea de cómo grabarse a sí mismo.
    “Kate, déjame ver si lo entiendo. El hombre tiene un negocio de miles de millones de dólares en una red de al menos 50 países, y no hay un solo hijo de puta allá en la selva con el que hable una palabra de puto Inglés? Ahora esta noche, ¿Me estás diciendo que a pesar de sus mensajes por BBM, el maldito no tiene acceso a una computadora? ¿Estás diciendo que no tiene la capacidad técnica para hacer un video y contrabandearlo a los Estados Unidos?
    Yo me pregunto, ¿Cómo diablos alguien lleva un negocio de esa manera? Me vuelvo todo un Donald Trump con Kate y todos los días la maltrato por teléfono, mensajes de texto y correos electrónicos encriptados. Al final, el retraso no tenía nada que ver con la incompetencia técnica. Gran sorpresa. Cualquiera que sea la villanía es atribuible a este hombre y de su indiscutible genio de calle, es también es una persona humilde, un mexicano rural cuya percepción de su lugar en el mundo ofrece una ventana al extraordinario enigma de la disparidad cultural.
    Se hizo evidente que el campesino convertido en multimillonario y amo de las drogas parecía estar abrumado y un tanto desconcertado ante la idea de que él pudiera ser de interés para el mundo más allá de las montañas. Días de retrasos revelaban el mismo tipo de inseguridad de un adolescente torpe, tímido ante la cámara ¿O es que todo había sido un acto?
    Cuando finalmente superamos los obstáculos, sobre todo Kate con mi dirección implacable, la única represalia que temía durante esta aventura era la ira implacable de una actriz mexicana hacia un actor estadounidense cuyo único propósito era abusar de su amistad con ella para hacer el video. Luego recibí un mensaje cifrado de Kate.
    ¡Gracias! Estuvo a punto de golpear el techo con mi entusiasmo cuando volvió a sonar mi teléfono ‘’hijo de puta agresivo’’, decía un mensaje. Me lo había ganado.
    El “Chapo” le había hecho llegar el video a Kate a través de un servicio de mensajería. Kate y yo nos quedamos de ver, me disculpé y me pasa el video. Ya en mi casa, apagué las luces y me senté a leer la transcripción en inglés proporcionada por Kate que comenzaba con la nota: ‘’El vídeo tiene una duración de 17 minutos, dale play’’.
    El “Chapo” está sentado con una camisa con estampado de paliacate, una camisa de color turquesa y azul marino, lleva pantalones negros. El bigote que llevaba en nuestra última reunión ha desaparecido. Su típico sombrero negro estaba ausente, estaba peinado y parecía un colegial con los ojos abiertos por los nervios al ser llamado por su maestro.
    Sus manos cruzados entre sí y un pulgar acariciaba los nudillos para calmarse a sí mismo. A su lado, una pared de ladrillo blanco cercada por una valla metálica. Detrás de él hay una camioneta blanca 4×4. El lugar parece un rancho, a lo lejos se observan montañas de baja altitud y de fondo se escucha el cantar de algunos gallos de granja que interrumpen la entrevista como un coro de iglesia. A lo largo del video, veo a trabajadores agrícolas y paramilitares cruzar detrás de él. Un pastor alemán olfatea la suciedad.
    Comienza: “Quiero dejar en claro que esta entrevista es para el uso exclusivo de la señorita Kate del Castillo y el señor Sean Penn”. La imagen queda en negro.

Cuando vuelve, porta su sombrero negro.

De las muchas preguntas que le envié al “Chapo”, un camarógrafo fuera del marco hace algunas de ellas directamente, parafrasea otras, suaviza algunas y se salta varias por completo.

-¿Cómo fue su infancia?
Recuerdo que desde el momento en que tenía seis años, hasta ahora, a mis padres, una familia muy humilde, muy pobre, recuerdo cómo mi madre hacía pan para mantener a la familia. Me gustaba venderlo. También vendía las naranjas, refrescos y caramelos. Mi madre, era una luchadora, trabajó mucho. Cultivábamos maíz y frijol. Cuidaba del ganado de mi abuela y cortaba madera.

-¿Y cómo se involucró en el negocio de las drogas?
Bueno, desde que tenía 15 años y después. De donde yo vengo, que es el municipio de Badiraguato… me crié en un rancho llamado La Tuna, en esa zona, y hasta hoy, no hay oportunidades de trabajo. La única manera de tener dinero para comprar comida, para sobrevivir, es crecer amapola, mariguana. Ya esa edad, empecé a cultivar y a cosechar para venderlo. Eso es lo que te puedo decir.

-¿Cómo salió de allí? ¿Cómo creció su negocio?
-A partir de ahí, de mi rancho, cuando cumplí 18 me fui a Culiacán. Luego a Guadalajara, pero nunca dejé de visitar mi rancho, incluso hasta hoy, porque mi mamá, gracias a Dios, todavía está viva y sigue nuestro rancho, que es La Tuna, y así es como las cosas han sido.

-¿Cómo ha cambiado su vida familiar desde entonces hasta ahora?
Es muy buena… mis hijos, mis hermanos, mis sobrinos. Todos nos llevamos bien, muy normal. Es muy buena.

-Y ahora que usted es libre, ¿Cómo le ha afectado?
Bueno, al respecto de ser libre… feliz, porque la libertad es muy agradable, y la presión, bueno, para mí es normal, porque he tenido que ser cuidadoso durante años en algunas ciudades y no siento nada que afecte mi salud o mi mente. Me siento bien.

-¿Es verdad lo que dicen que las drogas destruyen la humanidad y hacen daño?
Bueno, es una realidad que las drogas destruyen. Por desgracia, como ya he dicho, donde crecí no había otro camino y todavía no hay otra manera de sobrevivir, no hay manera de trabajar en nuestra economía para poder ganarse la vida.

-¿Cree que es cierto que usted es responsable por el alto nivel de adicción a las drogas en el mundo?
No, eso es falso, porque el día que yo no exista, ese problema no va a disminuir en absoluto. ¿El tráfico de drogas? Eso es falso.

-¿Hizo crecer su negocio de la droga mientras estaba en la cárcel?
-De lo que puedo decir, y lo que sé, todo está igual. Nada ha disminuido. Nada ha aumentado.

-¿Qué pasa con la violencia que se adjunta a este tipo de actividad?
En parte, es porque ya algunas personas ya crecen con problemas, y hay algo de envidia y tienen información en contra de otra persona. Eso es lo que crea la violencia.

-¿Se considera una persona violenta?
No señor.

-¿Es propenso a la violencia, o lo usa como último recurso?
-Mira, todo lo que hago es defenderme, nada más. ¿Pero empezar problemas? Nunca.

-¿Cuál es su opinión acerca de la situación en México, ¿cuál es el panorama para México?
Bueno, el tráfico de drogas ya forma parte de una cultura que se originó a partir de los antepasados. Y no sólo en México. Esto es en todo el mundo.

-¿Considera que su actividad, su organización, es un cartel?
-No, señor, no en lo absoluto. Porque las personas que dedican su vida a esta actividad no dependen de mí.

-¿Cómo ha evolucionado este negocio desde el momento en que empezó hasta hoy?
Hay una diferencia. Hoy en día hay un montón de drogas, y en aquel entonces, los únicos que existían eran la marihuana y la amapola.

-¿Cuál es la diferencia en la gente ahora en comparación con ese entonces?
Hay una gran diferencia, porque ahora, día tras día, los pueblos son cada vez más grandes, y hay más de nosotros, y un montón de diferentes maneras de pensar.

-¿Cuál es la perspectiva para el negocio? ¿Crees que va a desaparecer? ¿Va a crecer en su lugar?
No, no va a terminar porque el paso del tiempo, somos más personas, y esto nunca va a terminar.

-¿Cree usted que las actividades de terrorismo en el Medio Oriente, en modo alguno, impacten en el futuro del tráfico de drogas?
No señor. No hace una diferencia en absoluto.

-Usted vio cómo fueron los últimos días de Escobar. ¿Cómo ve sus últimos días en este negocio?
Sé que un día voy a morir. Espero que sea por causas naturales.

-El gobierno de Estados Unidos cree que el gobierno mexicano no quiere arrestarlo, que lo quieren matar. ¿Qué piensa?
No, creo que si me encuentran, me van a arrestar, por supuesto.

-Con respecto a sus actividades, ¿qué impacto cree que tengan en México? ¿Cree usted que hay un impacto sustancial?
De ningún modo. De ningún modo.

-¿Por qué?
Porque el tráfico de drogas no depende de una sola persona. Depende de un montón de gente.

-¿Cuál es su opinión acerca de quién tiene la culpa aquí, los que venden drogas, o las personas que usan drogas y crean una demanda para ellos? ¿Cuál es la relación entre la producción, la venta y el consumo?
Si no hay consumo, no habría ninguna venta. Es cierto que el consumo, día tras día, se hace más y más grande. Por lo que se vende y vende.

-Escuchamos que el aguacate es bueno para la salud, que la fruta es saludable. Pero nunca escuchamos a alguien hacer publicidad con respecto a las drogas. ¿Ha hecho algo para inducir al público a consumir más drogas?
-De ningún modo, esto llama la atención. La gente, en cierto modo, quiere saber lo que se siente o a qué sabe. Y entonces la adicción se hace más grande.

-¿Tiene algún sueño? ¿Sueña?
Todo lo que es normal. ¿Pero soñar diario? No.

-Pero usted debe tener algunos sueños, ¿algunas esperanzas para su vida?
Quiero vivir con mi familia los días que Dios me da.

-Si pudiera cambiar el mundo, ¿lo harías?
Para mí, como están las cosas, estoy feliz.

-¿Cómo es su relación con tu mamá?
¿Mi relación? Perfecta. Muy bien.

-¿Es una de respeto?
Sí, señor, de respeto, afecto y amor.

-¿Cómo ve el futuro para sus hijos e hijas?
Muy bien. Ellos se llevan bien. La familia es unida.

-¿Qué hay de su vida? ¿Cómo ha cambiado desde que escapó?
Mucha felicidad a causa de mi libertad.

-¿Usa drogas?
No señor. Hace muchos años, sí, las probé. ¿Pero un adicto? No.

-¿Hace cuánto tiempo?
Yo no he tomado ninguna droga en los últimos 20 años.

-¿Le preocupa que usted podría estar poniendo en riesgo a su familia con su escape?
Sí señor.

-Por su escape reciente, ¿usted persigue su libertad a cualquier precio a costa de todo?
Nunca pensé en hacer daño a nadie. Todo lo que hice fue pedirle a Dios, y las cosas funcionaron. Todo salió perfecto. Ya estoy aquí, gracias a Dios.

-Las dos veces que se escapó, vale la pena mencionar, no hubo violencia.
En mi caso, no llegó a eso. En otras situaciones, lo que se ha visto, las cosas ocurren de manera diferente, pero aquí, no usamos ningún tipo de violencia.

-Teniendo en cuenta lo que se ha escrito sobre usted, lo que se puede ver en la televisión, se dicen cosas en México, ¿qué clase de mensaje le gustaría transmitir a la gente de México?
Bueno, puedo decir que es normal que la gente tiene sentimientos encontrados debido a que algunas personas me conocen y otros no. Esa es la razón por la que digo que es normal. Porque los que no me conocen pueden tener sus dudas acerca de decir si, en este caso, soy una buena persona o no.

-Si le pido que se defina como persona, si le pido fingir que no es Joaquín, que usted es la persona que lo conoce mejor que nadie en el mundo, ¿cómo se definiría?
Bueno, si lo sabían – con respeto, y desde mi punto de vista, es una persona que no está en busca de problemas de ninguna manera. De cualquier manera.

Desde nuestra visita nocturna en las montañas mexicanas, las incursiones en los ranchos han sido implacables. Es una zona de guerra. Helicópteros de la Marina libran ataques aéreos y operativos terrestres. Varios han sido derribados por pistoleros del cártel de Sinaloa. Soldados ha muerto., criminales han muerto, campesinos han muerto o han sido desplazados. Los rumores decían que El “Chapo” escapó a Guatemala o que se había adentrado en América del Sur. Pero no. Él estaba justo ahí donde nació y se crió. El viernes, 8 de enero de 2016 sucedió. El “Chapo” fue capturado y arrestado – vivo.
Pienso en esa noche, en la calma antes de la tormenta y la experiencia fuera de este mundo de sentarse con un hombre tan aparentemente sereno, a pesar de vivir una vida tan surrealista. No había conseguido el tipo de entrevista a profundidad que esperaba lograr. No lo desafié a jugar damas chinas o ajedrez, ni viceversa. Pero tal vez, al menos, recuperé una visión desde el otro lado y lo que es para mí una afirmación de la pantomima de demonización que demanda la captura de un hombre como él.
Sin embargo, actualmente, hay niños pequeños en Sinaloa que juegan a dibujar pesos, cuyos padres y abuelos antes que ellos cosechado el único producto que habían conocido para transformar los pesos en dólares.
Se preguntan, indignados, como es que nosotros, nuestros hijos, amigos, vecinos, jefes, bancos, hermanos y hermanas financiamos toda la maldita operación. Sin un cambio de paradigma para entender la economía y la enfermedad de la adicción, los padres en México y en Estados Unidos se arriesgan cada vez más a reemplazar la típica pregunta cuando sus hijos van a una fiesta por la noche, de “¿A dónde vas esta noche?” a “¿Dónde morirás esta noche?”.
¿El “Chapo”? No pasará mucho tiempo, estoy seguro, antes de que la próxima exportación del Cartel de Sinaloa a los Estados Unidos sea el propio capo.

 

Fuente: Por Esto!

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